2match: rediseño de la web y del onboarding
Una plataforma que arma equipos freelance para empresas. Trabajé sobre la página y, sobre todo, sobre los dos caminos de entrada al producto: el de la empresa que pide un equipo y el del freelancer que arma su perfil.
Un producto con dos entradas
2match conecta empresas con profesionales independientes de publicidad, diseño y tecnología. Como todo marketplace, tiene dos públicos que buscan cosas distintas.
Decir la promesa y probarla
La portada anterior describía el mecanismo —«Hacé match con el mejor talento freelance»— sobre un fondo de ondas que le disputaba el protagonismo al texto, con dos botones compitiendo entre sí. La nueva abre con una promesa y un plazo, deja un solo camino hacia adelante y pone el selector de público arriba de todo, para que quien llega elija desde qué lado leer antes de leer nada.
El resto fue reemplazar la maqueta por pruebas: los logos de relleno por clientes reales, las fichas de talento por tarjetas con foto que se leen de un vistazo, y cuatro casos de ejemplo por catorce con nombre propio. Cada uno tiene además su propia página, con una plantilla que repite siempre la misma estructura: la ficha del proyecto, el equipo que lo hizo, los objetivos, el desafío, la solución y el impacto. El indicador de tiempo marca 44 horas contra las 48 que promete el titular: el dato respalda la promesa en vez de dejarla sola.
Pedir un equipo sin abandonar a mitad de camino
Antes, el formulario vivía abierto al costado del titular: cuatro pasos a la vista, compitiendo por atención con el mensaje que tenía que convencer. Quien llegaba veía a la vez la propuesta y el trabajo que le iba a costar aceptarla.
Lo rediseñé como un flujo en diálogo que arranca recién cuando la persona decide empezar. Primero el correo, con una verificación por código antes de pedir nada del proyecto; después el brief en tres pasos —datos, proyecto, plazos y presupuesto— con barra de avance; y al final una confirmación que dice qué pasa después. Se diseñó completo para escritorio y para móvil, incluidos los estados intermedios.
El Portfolio Studio
Del otro lado el problema era el opuesto: para sumarse había que completar una sola página con cinco secciones —datos, perfil profesional, disponibilidad, tarifa y hasta seis proyectos— y recién al final aparecía el botón de crear. Mucho esfuerzo por adelantado para algo cuyo resultado todavía no se había visto.
La rediseñé como un panel por secciones —perfil, skills, enlaces, métricas, marcas, proyectos y servicios— que se completa cuando se puede y se edita cuando se quiere, con un indicador de cuánto falta y una vista previa en vivo que se puede mirar en escritorio o en móvil. Lo que se construye ahí es el perfil profesional: una página con enlace propio, en el tema claro u oscuro que cada uno elija, lista para mandar por WhatsApp o LinkedIn. Deja de ser un trámite para entrar a la base y pasa a ser algo que el freelancer se lleva puesto.
Las tres piezas responden a la misma idea: no pedir esfuerzo antes de haber dado algo a cambio. La página promete algo concreto y lo prueba; el alta de empresa pide los datos de a poco y después de explicar el valor; y el alta de freelancer devuelve, a cambio del trabajo de completarla, una página propia que sirve más allá de la plataforma.